Mujeres Que Transforman es una plataforma que busca visibilizar los emprendimientos que realizan las mujeres en el Perú, así como las problemáticas y desafíos al que se enfrentan día tras día.

Natalia Iguiñiz: “Somos una sociedad que ensalza la maternidad, pero la desprecia en cuanto a políticas públicas”

Plasmar su propia experiencia y pensar la maternidad ha sido un proceso largo para la artista plástica, activista política, feminista y docente universitaria, Natalia Iguiñiz, quien es autora de las muestras artísticas “Pequeñas historias de maternidad I, II y III”, un trabajo que le tomó más de diez años.

Una de las cosas que le llamaron mucho la atención cuando convivió por primera vez con un hombre fue el tema del trabajo doméstico, quién lo hacía y cómo estaba valorado: “Cuando me convertí en madre tomé conciencia de esta terrible ecuación que se hace entre mujer=madre, entendida como un fin, una tarea para la que deberíamos estar preparadas”.

La interpretación, culturalmente determinada de esta condición, subyace a cualquier hecho, por más natural o biológico que sea, y, a decir de Natalia, “ha convertido a la maternidad en un saco de sastre en el cual ponemos todas nuestras expectativas de cuidado, en donde creemos que las madres deben satisfacer esas necesidades a todo nivel”.

Esa construcción del rol materno, agrega, ha tenido que ver con esta idea de que la familia es la base de la sociedad, en el que el rol que las mujeres deben asumir incluye el trabajo doméstico prácticamente como una extensión de su esencia femenina. “Somos una sociedad que ensalza la maternidad, la sobrevalora simbólicamente, pero la desprecia y la denigra en cuanto a políticas públicas y servicios para las madres”.

La realidad en un país como el nuestro es la de tener un hijo y no poder contar con lactarios, guarderías en los trabajos, servicios de salud y una educación pública de calidad. Esto convierte la experiencia, según explica Natalia, en algo muy alejado de la ilusión que nos vende la publicidad o nos intentan imponer.

Aceptar los cambios que pasa el cuerpo de una mujer que se convierte en madre es un proceso del que tampoco se habla con total honestidad. “Esta asociación de la maternidad con lo instintivo hace que estemos en una vulnerabilidad mayor porque no desarrollamos ni difundimos el conocimiento sobre los procesos, tanto biológicos como psíquicos, que la maternidad conlleva. La mayoría somos madres en la completa ignorancia y además llenas de temores de lo que esto significa”.

Para Natalia, ese momento fue clave para que se cuestionara por qué tenemos que vivir con todos estos deberes sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra sexualidad, sobre ser o no ser madres. Hasta nuestro acceso y competencia en la vida pública se ven cuestionados.

“Cuando las mujeres queremos ser autoridades en este país, inmediatamente se usan las armas de la belleza y la maternidad para decirnos que no estamos aptas. Se utilizan los roles femeninos y su no cumplimiento para apartarnos de la vida política y la vida pública, para que no estemos en los lugares donde se decidan las cosas que nos involucran”.

La experiencia de la maternidad le ha permitido a Natalia, como a muchas otras mujeres, pensar de una manera colectiva y derrumbar los sentidos comunes sobre lo que debe ser. “Es una paradoja que se haya diseñado todo de tal manera que las mujeres supuestamente querramos ser madres o esposas perfectas, y que en nombre de ese amor nos hayamos ganado con una cantidad de trabajo no reconocido y no remunerado. Es realmente perverso”

Recuperando la reflexión de la escritora feminista Silvia Federici sobre cómo el capitalismo ha logrado diseñar una diferencia entre el trabajo de producción y reproducción, Natalia comenta cómo las labores productivas han sido históricamente asociadas a los hombres: un trabajo remunerado con jubilación, seguro de salud y reconocimiento social. En cambio, las mujeres que ejercen el trabajo reproductivo, cuanto más se dediquen al cuidado de otros, más vulnerables están porque no tienen accesos a esos servicios básicos.

Cada vez hay más mujeres que muestran su ambivalencia frente a la maternidad y que te dicen lo difícil que puede ser con mayor libertad. “Poco a poco vamos teniendo más representaciones, no solo de los peligros sino también del placer que conlleva esta experiencia. Y aunque la publicidad sigue vendiendo la imagen de la madre abnegada, en nuestro imaginario empiezan a aparecer más voces”.

Escribe: Joselyn Leyva