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Alejandra Chávez: “A veces pensamos sólo en lo que nos falta”

Cada vez que Ale Chávez inicia las sesiones con alguna de sus clientas les pregunta: “¿Qué es lo que más amas de ti?”. Esta psicóloga de profesión y maquilladora por vocación, ha encontrado en la belleza y su búsqueda una buena manera de abrir puertas más profundas hacia el autoconocimiento y la autovaloración. MQT conversó con ella para conocer más de su trabajo y su mensaje.

“Esa pregunta abre muchas puertas. Pueden responder “mis ojos” o “mi sonrisa”, pero luego se abren más y se refieren a su vida, sus sueños, sus metas. No me gusta enfocarme en lo que no aman de sí. También lo pregunto, pero para dejarlo de lado y concentrarme en lo positivo”

Ingresó al rubro del maquillaje porque una enfermedad, que casi le quita la vida, le hizo repensar lo que quería hacer. “Me detectaron lupus. Fueron ocho años de no poder comer ni caminar por mi cuenta. Por esa razón no podía ir a la oficina. Cada vez que lo intentaba, mi cuerpo colapsaba y volvía a estar en cama. En esa condición tuve harto tiempo para pensar en aquello que me había hecho feliz. En cierta forma, me estaba despidiendo de la vida. Sabía que bastantes personas en mi estado habían fallecido. Mi doctor ya me había advertido que no se podía hacer mucho por mí, ya que mi cuerpo no reaccionaba a los medicamentos.

Ale tiene muy presente que mientras atravesaba esa dura etapa, solo una idea la animaba a seguir luchando: “Me decía a mí misma que si podía seguir viva, entonces sería maquilladora, algo que me apasionaba desde pequeña”.

Como psicóloga y mientras la enfermedad no se manifestaba, trabajaba en una oficina. Era especialista en desarrollo, capacitación y gestión del desempeño en recursos humanos, un trabajo que disfrutaba porque se dedicaba a ver las metas y aspiraciones que tenían las personas: “podía guiarlas para descubrir hacia dónde querían desarrollarse”, recuerda. Por otro lado, desde la empresa, se enfocaba en que esas metas se alinearan con la eficiencia, de manera que aportaran positivamente en las funciones propias de su trabajo.

“Al principio, tenía oportunidad de conversar con las personas. Sin embargo, conforme fui creciendo en mi carrera, el trabajo se enfocó en tareas de estrategias o indicadores. El intercambio personal con los colaboradores, que era lo que más alimentaba mi alma, se redujo”. Eso y la experiencia de la enfermedad gestaron un cambio de rumbo.

“Empecé a proponerme metas cortas. Trataba de sentirme mejor para maquillar a alguien a fin de mes. Luego reducía los plazos aún más. Así lograba maquillar una vez por semana. Esto me mantenía anclada a la vida. Me proveía de pequeños objetivos que me impulsaban a mejorar”, recuerda.

Ahora que el tiempo ha transcurrido está convencida de que todo lo que ha vivido la ha encaminado hacia su verdadera misión. “Siento alegría porque ayudo a otras personas a explorar aquello que aman de sí mismas. Tradicionalmente, el maquillaje suele ser visto como la herramienta para “reparar” lo que no se es y alcanzar ese canon que la sociedad dicta. Trato de cambiar ese enfoque. A veces pensamos sólo en lo que nos falta. Una cree que debe cubrirse los defectos. Por eso, muchas veces, cuando alguien se mira al espejo, ve ojeras o manchas y piensa que no posee cosas bonitas. Sin embargo, la verdad es que traemos luz y sombra. El problema es que la sombra suele preocuparnos más de lo que debería”.

Ale Chávez ha logrado establecer el enlace perfecto entre su profesión y su vocación. “El maquillaje suele estar enlazado con la psicología del consumidor. Es decir, hay que detectar inseguridades en las personas para vender más maquillaje. Sin embargo, esto puede ser utilizado a la inversa. De alguna manera, empleo lo que sé de psicología para que el maquillaje pueda ser una herramienta que transforme y que conduzca a las personas a conocer su propia luz”, dice.

Encontrar la mejor manera de concertar intereses y alinearlos con las necesidades del día a día ha sido un reto al que está respondiendo con éxito. “Es más sencillo convocar personas para un taller de maquillaje que para uno de empoderamiento. Traté de dictar talleres de empoderamiento, pero los cupos no se llenaban. Entendí, entonces, que podía usar al maquillaje como medio para transmitir otro tipo de conocimientos”, cuenta.

Actualmente, dicta talleres a otras personas sobre cómo entender pieles, texturas, formas y colores partiendo de que todas son bellas y no hay necesidad de cambiarlas. El objetivo es que más profesionales puedan compartir este enfoque.

Escribe: Nicole Hurtado