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Karina Pinasco: crecer, conservar

Hay pocos mandatos tan irreprimibles como los de la naturaleza. Si uno se permitiera oírlos comprendería que el ser y su hábitat no deberían de extrañarse ante el magnetismo que se provoquen, sino más bien aprender a buscarlo y, de tener éxito en el ejercicio, celebrarlo.

Este nuevo viaje de MQT nos colocó en Moyobamba, de cara ante esa celebración que Karina Pinasco cultiva a diario. Con la Amazonía como misión y el trabajo colectivo como bandera, ha visto multiplicarse en estos años los frutos de ese lazo construido con el entorno, siempre de la mano de su más valioso capital: el amor por lo que hace. Sin embargo, para poder comprender el camino recorrido, habría que retroceder a los primeros pasos que andó Karina sobre ese suelo amazónico que la acunó.

Karina nació en Juanjui y allí vivió rodeada de naturaleza hasta los 9 años, cuando el terrorismo propició la migración de toda la familia a Lima. Entonces aquella niña, que se crío tomando los frutos directamente de la fuente, resintió ese cambio brusco y lo asumió como un reto, como el breve y necesario desvío para poder llegar a su destino elegido. Apenas pisó la ciudad costera se prometió volver. Y lo logró.

El regreso fue el resultado de la determinación que la caracteriza y que le ha generado grandes recompensas. Esta vez no solo volvía una Karina dispuesta a recuperar lo que alguna vez abrazó, sino también una profesional preparada para protegerlo y enseñar a los demás a hacerlo. Era una bióloga recién graduada con muchos planes para hacer de su hogar de siempre, un lugar cada vez mejor.

Siempre apoyada por su madre, obtuvo un predio en un área natural que había sido completamente devastada por una infinidad de prácticas extractivas y lo regresó a la vida. Al cabo de unos años, la zona fue recuperada en absoluto y ahora no solo luce bien, sino también alberga especies en peligro de extinción. Ese es Pucunucho ahora: su mayor tesoro compartido con la familia que ha formado. Es la mejor muestra de que creer es crear. Y así lo ha hecho muchas veces, de muchas maneras.

Al fundar su Asociación de Amazónicos Por la Amazonía, que hoy ya tiene 15 años, ha logrado expandir dicho mensaje de amor por el espacio, logrando cautivar a muchos coterráneos que hasta hoy la acompañan. Es un compromiso con el desarrollo y con la vida, pues se trata de un plan de producción con un enfoque sostenible, que permite evitar la deforestación acelerada de un territorio tan valioso como maltratado.

Convivir con Karina ha sido un reencuentro con esa energía vital que se alimenta de las pequeñas sorpresas que ofrece la naturaleza. No cabe duda que seguirá descubriendo nuevas formas de contribuir a la conservación de la amazonía y que continuará recorriendo la tierra con una felicidad que contagia y conmueve para reeditar las razones de su misión.