Mujeres Que Transforman es una plataforma que busca visibilizar los emprendimientos que realizan las mujeres en el Perú, así como las problemáticas y desafíos al que se enfrentan día tras día.

Ser mujer y ser financieramente competente: ser dueñas de nuestro presente

Cuando Erika Bocanegra y Claudia Blanco me invitaron a ser parte de este esfuerzo, liderado por la Red Científica Peruana, Perú 2021 y Arca Continental Lindley, me pareció una oportunidad valiosísima para compartir con nuestros lectores, cómo el adecuado manejo de las herramientas financieras puede convertirse en un elemento vital para la independencia y el empoderamiento de las mujeres.

Según la última información disponible del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), 2,9 de cada 10 hogares en el Perú tiene como jefe de familia a una mujer; cifra que se ha incrementado a paso firme, si se compara con el ratio de 2,3 por cada 10 hogares que mostraba el 2007.

En Lima Metropolitana, son 3 jefes mujeres por cada 10 hogares. Y este indicador es aún más elevado en el caso de los sectores socio económicos más pobres, los que corresponden a los estratos D y E; en los que estos valores suben a 3,9 y 3,3, respectivamente.

Es por ello que contar con las herramientas y competencias financieras adecuadas, es una condición necesaria para que los emprendimientos que muchas mujeres inician a largo de nuestro país, no mueran al cabo de un año o se conviertan solo en actividades de subsistencia.

La mujer peruana se caracteriza por ser trabajadora, creativa y solidaria. Muchas de ellas, se las agencian para sacar adelante a sus hijos y seguir velando por sus padres, procurando que gocen de una excelente calidad de vida.

El ahorro es la base de su esfuerzo, sea éste para invertir en la compra de alguna maquinaria para mejorar la productividad de su empresa o para pagar los estudios universitarios de sus hijos. Pero algunas de ellas, en el camino, aprenden que existen un sinnúmero de herramientas financieras que les harían la vida más fácil.

Si pudiésemos imaginarnos que nuestro ciclo de vida biológico debe ir acompañado de uno financiero, entenderíamos que hay conceptos fundamentales: invertir en activos productos al menor costo financiero posible. Y en esta definición hay varias palabras que resultan clave.

Invertir quiere decir que coloco mi dinero en alguna actividad que considero me va a pagar un flujo de caja por un periodo de tiempo determinado, de manera que voy a ver que recupero varias veces mi inversion inicial. Esto nos lleva a que guardar el dinero en el colchón no es de ninguna manera, la mejor opción.; porque no solo no gana intereses, sino que además pierdo mi capital al irse desvaneciendo la capacidad adquisitiva de mi dinero por el efecto inflación.

Activo productivo, significa que no se trata de acumular por acumular, como por ejemplo, comprar un auto o una propiedad- por más oportunidad que me parezca – que luego no voy a utilizar. Al final, termino destinando dinero de mi bolsillo para los gastos de mantenimiento y no recupero mi inversión. Entonces el activo en el que yo invierta me tiene que producir un flujo de caja, que obviamente me asegure libertad financiera para tomar decisiones, pensando en el bienestar de mi grupo familiar.

Al menor costo financiero posible me indica que no siempre la mejor opción es usar todo mi capital para financiar un proyecto. Puede ser que a veces, tomar deuda y usar dos fuentes de financiamiento, puede ser más eficiente en términos de costo, para ayudarme a alcanzar el objetivo financiero que me he planteado.

Lo que sí está claro es que el retorno de la inversión debe ser superior al costo del financiamiento para obtener un beneficio que me de tranquilidad a a largo plazo. Y aquí no puedo olvidarme de dos estrategias básicas: diversificar el riesgo y diferenciar entre corto y largo plazo.

Diversificar el riesgo, significa que “no debo poner todos los huevos en la misma canasta”; así por ejemplo, para cubrir mis gastos de salud, es mucho más eficiente un seguro médico que ahorrar para emergencias.

Largo plazo, me recuerda que no solo debo preocuparme por cómo enfrentar el día a día, sino que debo ser consciente de que debo preocuparme de mi a los 65 años de edad, porque solo la previsión garantiza una vejez sin angustias. Y para ello, es mejor ahorrar para tu jubilación en una AFP que correr el riesgo de no tener nada y pensar que podré trabajar siempre, con las mismas fuerzas que tenía cuando era más joven.

Espero que esta edición que compartimos con ustedes sea de suma utilidad y les permita conocer algunas estrategias para enfrentar el día a día mucho más fortalecidas y con los pies bien puestos en nuestro planeta tierra.


Giovanna Prialé Reyes
Editora invitada de MQT.