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Conoce a la socióloga peruana que lucha por la igualdad de género hace más de 30 años desde poderosos organismos internacionales

Feminista desde antes de que existan las redes sociales y el poderoso movimiento #NiUnaMenos, Gabriela Vega, socióloga peruana y hoy consultora de género y diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha sido una de las principales impulsoras del cambio a través de su trabajo.

Estudió en la Universidad Católica, y en las prestigiosas universidades de Oxford y de Cambridge. Primero trabajó en el Banco Central de Reserva (BCR) aquí en Perú y luego emigró para emplearse en entidades internacionales como el Banco Mundial y el BID. Desde esos espacios ha abordado el tema del enfoque de género. Un asunto que dentro de las instituciones a nivel mundial lleva implementándose desde hace muchos años.

Militó en la izquierda como muchos de sus compañeros en la década de 1970, pero a medida que avanzaba en su carrera se cruzó con Flora Tristán, que es el nombre de una de las organizaciones de mujeres más antiguas del país. Desde entonces todo su trabajo siempre ha sido enfocado en una pregunta que pocos se hacían desde un lugar privilegiado como el suyo: “¿Cómo le va a las mujeres?”.

“Soy feminista y cuando uno tiene esa preocupación se la lleva consigo a donde vaya. Esto ha sido como una vocación personal permanente: la de identificar siempre y diferenciar a mujeres y hombres en cualquiera de los temas que yo estaba estudiando. En el BCR trabajé temas de economía campesina y una de mis preocupaciones era ver cómo les iba a las mujeres en ese ámbito”, recuerda.

En 1994 ingresó al BID cuando el banco había aprobado una política de mujeres en el desarrollo. Gabriela llegó precisamente para implementar esa visión como experta en género. “Tenía que hablarle de igualdad a un directorio compuesto, en ese entonces, por puros hombres”, relata.

Al principio no fue tan fácil. “Los señores sentados en una mesa miraban como diciendo ‘qué linda la chiquita’, otros me veían como ‘pobrecita, le va tocar duro presentar estos temas’ y otros decían ‘qué pesada, ya llegó la que está con un monotema’”.

En poco más de 20 años la situación en el banco fue evolucionando. “Ahora la pregunta es: ‘¿Cómo podemos hacerlo mejor?’. Gabriela nos citó un ejemplo: para la construcción de una carretera normalmente un ingeniero (varón) se pregunta qué tenía que ver eso con temas de género.

“La respuesta es sencilla. Si se convierte una carretera de baja velocidad en autopista, lo más probable es que los puestos de comestibles que se formaron en el margen de la vía desaparezcan. Estos son atendidos normalmente por mujeres que verán afectados sus ingresos. Si la carretera dividirá a un pueblo, los puentes que se construyan deben ser aptos para llevar a bebés o paquetes, que normalmente los transportan mujeres”.

La especialista comenta que ha sido un proceso de educación permanente en el propio BID.
En la actualidad casi el 50% de las operaciones del banco tienen un buen análisis de género y medidas específicas.

Antes de que todo ese cambio ocurra, un año después de su ingreso al BID, en 1995, hubo una conferencia mundial en Pekín sobre el papel de la mujer, que marcó el punto de quiebre de la lucha por la igualdad de género en los últimos 30 años. La socióloga peruana ya era responsable de hacer sostenida esta iniciativa.

“Ese evento puso sobre el tapete todos los temas que ahora estamos trabajando. Fue una declaración de intenciones. Un mapa de guía sobre cómo llegar a ellos. Pero no estamos ahí todavía. Todas estas recomendaciones de Beijing en el 95 siguen estando vigentes ahora”, resalta la experta.

A pesar de que en algunos aspectos se puede considerar que el objetivo está lejos, Gabriela reconoce que ha habido un avance brutal en los últimos años y todos ellos se relacionan directamente con la educación.

“Sin esa base (la educación), que genera capacidades en las mujeres, es muy difícil afirmar que queremos igualdad en otros aspectos o queremos tener voz y que nos escuchen. Y la educación arranca mucho antes”, aclara.

La educación, agrega Gabriela, no solamente es una fuerte entrada al tema del trabajo sino una plataforma para exigir derechos. “Por ejemplo, hay una correlación directa entre mayor educación y mayor acceso en servicios de salud. Hay mayor capacidad de usar tu agencia para poder lograr lo que tú quieres a todos los niveles”.

En estos últimos años hay una mayor cantidad de mujeres que se gradúan de universidades. Además, las tasas de fertilidad también han bajado. “Hemos pasado de 3.4 hijos por mujer en los 90 a 2 en la actualidad”.

Sin embargo, las tasas de embarazo adolescente se han mantenido. La experta nos explica que esto forma parte de otro terreno mucho más difícil y duro de contrarrestar, que es la concepción de la sexualidad y la capacidad de hablar sobre eso en la adolescencia.

“Esto sucede con más frecuencia en sectores de escasos recursos. Lo contradictorio es esa arremetida absurda al currículo escolar con enfoque de género: la iniciativa llamada ‘Con mis hijos no te metas’, que es una campaña de clase media alta que no entiende cómo se vive en familias de bajos ingresos donde no se habla del tema”, enfatiza la socióloga.

Gabriela también se refiere al fenómeno actual que está ocurriendo en varias partes del mundo. En sus palabras, las grandes figuras masculinas, ‘los hombres todopoderosos están cayendo como pajaritos, precisamente porque engrandecer sus figuras es parte de una cultura machista y estos tipos cayeron en la fantasía de que eso les daba impunidad para hacer cualquier cosa. Se ha volteado la tortilla’, celebra.

Pero eso sí, advierte que habrá una resaca por este fenómeno, pero solo será señal de que las mujeres seguimos avanzando.