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Susana Silva Hasembank, la mujer que coordina la lucha contra la corrupción

La gestión pública tiene un rostro humano y lo que yo hago tiene que repercutir de manera positiva en las personas”. Así define Susana Silva Hasembank su misión al interior del Estado. La actual coordinadora ejecutiva de la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción, que alguna vez pensó en la diplomacia como carrera, es ahora una abogada con amplia trayectoria en un sector que tiene la difícil tarea de luchar contra una de las mayores plagas de nuestro tiempo.

Sociable y buena conversadora, eligió el Derecho como la ruta que la ayudaría a concretar su objetivo de representar al Perú en el exterior, pero en el camino dos grandes razones cambiaron su destino y sus decisiones. El primero fue el creciente interés que empezó a surgir en ella por los casos que le contaba su madre, María Isabel Hasembank, abogada y jueza. El segundo, la noticia de su temprana maternidad. Susana tenía 19 años cuando la balanza se terminó de inclinar hacia el mundo de las leyes.

De la jueza Hasembank, Susana no solo aprendió como hija y como abogada. Se nutrió de la rectitud y ética que la caracterizaban. Y así se lo demostraría años después. Cuando la joven abogada tenía 28 años, y se dedicaba a la práctica privada del Derecho, denunció ante la OCMA a un colega de su madre, un juez que demoraba en emitir una sentencia y que en una conversación quiso pedirle un soborno.

“En aquella ocasión sé que sintió la pegada y creo que ese ejemplo lo usa hasta hoy en su clase de ética. Pero para mí estaba muy claro. Había que cortar el círculo negativo de la corrupción”, dice.

El tema de la honestidad y la integridad estuvieron siempre presentes en su formación. “Mi mamá fue siempre una fuente de inspiración para mí. La fortaleza que ella me ha transmitido es enorme”. La influencia de su madre enriquecida por las propias experiencias de Susana son las que la fueron llevando hacia la preocupación por generar políticas y articular esfuerzos para librarnos de la corrupción, tarea a la que dedica sus días en la CAN. Y está tan enamorada de su trabajo y del valor del mismo que se resiste a quienes le dicen que pierde su tiempo.

“Muchas veces me dicen: ‘Susana, ya pues, no seas ilusa, eso no va a cambiar nunca’, pero yo siempre digo es difícil y entre el ‘no lo hago’ o ‘lo intento’, yo trato de hacerlo”, cuenta.

Y justamente un contexto como el que vive el país con el caso Lava Jato no la desanima, por el contrario para ella es un momento propicio para hacer cambios. “Hay que seguir en la brega y planteándonos nuevas metas”, dice mientras hace el recuento de esas veces que ha tenido que llevar esa frase a la práctica a lo largo de su vida.

Dos veces vicepresidenta del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), exinspectora del Ministerio del Interior, miembro de la Defensoría del Pueblo. Son cargos que parecen dejar muy claro que ha sabido abrirse camino remontando dificultades, derrumbando prejuicios y machismos varios. “En el Ministerio del Interior puede ser que en un primer momento haya encontrado algunas resistencias. Al principio te están midiendo, pero después todo fluyó y tuve las mejores relaciones laborales. Los generales se dieron cuenta de que yo no iba a ser menos estricta por ser mujer. Mi trabajo incluía hacer operativos, meter gente a la cárcel. Ese es el rol que me tocó y no me generó ningún problema desempeñarlo”, recuerda.

Tampoco había espacio para los temores.

“ Recuerdo una vez cuando hubo una reyerta en Castro Castro y me tocó ir como representante de la Defensoría del Pueblo y me quedé solita con toditos allí adentro, y me di cuenta de que cerraron la puerta. Ahí sí sentí un poco de temor. Pero en ese momento si muestras debilidad, pierdes. Así que me dije ‘tienes que mostrarte fuerte y no puedes pensar nada negativo’”.

Con un compromiso por el país más que probado de manera ejemplar durante sus casi 20 años de trabajo como servidora pública, Susana Silva tiene clara la misión y función que le interesa cumplir.

“Servir a los demás es entender adecuadamente que nuestra labor no se agota en sí misma sino que tiene una finalidad muy clara: facilitar el ejercicio adecuado de un derecho. Para mí eso es esencial. Esa perspectiva se debe tener presente siempre”.

En la actualidad, además de estar enfocada en su trabajo de combatir la corrupción, ha encontrado en la actividad académica una nueva veta de realización personal y profesional.

“Me alimenta mucho poder encontrar a esa Susana que no solo tiene vocación de servicio en el Estado sino que, sin pensarlo -porque no sabía que tenía aptitudes para la enseñanza- gusta de compartir, de hacer entender a las personas algunos procesos del sistema anticorrupción. Le encontré mucho gusto a ese quehacer porque una siente que está dejando algo”.

Cada una en su rol, siempre importante y en el caso de ella, imprescindible.