Mujeres Que Transforman es una plataforma que busca visibilizar los emprendimientos que realizan las mujeres en el Perú, así como las problemáticas y desafíos al que se enfrentan día tras día.

Ojalá que mi mensaje llegue hasta la punta de todos los cerros

Solo tiene 18 años y ya podemos considerarla una luchadora social. Empezó a los 14, en un grupo de niños y adolescentes en Huánuco llamado “Yo también tengo algo que decir”. Allí, Zila Vela fue la voz que necesitaban para ser escuchados por las autoridades y por toda la sociedad.

Reclamando lo que otros prefieren callar, Zila empezó a hablar en el colegio y en otros espacios acerca de la violencia doméstica y sexual en contra de las mujeres.

“Nosotros, en nuestro grupo, recibíamos las charlas de la ONG Paz y Esperanza y al analizar por qué las mujeres son maltratadas tuvimos que ir a la raíz de todo: el machismo, la masculinidad hegemónica, los roles de género, los estereotipos de género”, nos cuenta.

A las charlas de Paz y Esperanza, previas a formar parte de “Yo también tengo algo que decir”, llegó por un puesto de fiscal escolar que le tocó al azar. Una de sus compañeras se cambiaba de turno y recomendó que Zila le releve en el cargo, el cual consistía en hablar con sus compañeros acerca de los problemas que es más difícil contarle a los mayores. Desde ahí conoció de cerca los testimonios de violencia doméstica y sexual.

Zila es la mayor de cinco hermanos. Desde que fue representante juvenil y desde que empezó a ser consciente de que la violencia sobre todo hacia las mujeres forma parte de un sistema machista que empieza en los estereotipos de género, no solo su vida cambió, sino la de su familia.

“A medida que yo avanzaba en mi preparación, empecé a hablar con mis padres sobre esto. Al principio no me hacían mucho caso, pero luego poco a poco comenzaron a ver que tenía razón. La forma en la que ahora están criando a mis hermanos es totalmente distinta a la que me criaron a mí. Es agradable ver que lo que haces tiene frutos”, relata.

Ha sido tanta la influencia de Zila en su familia, que su madre ahora participa en un grupo de madres de la organización que se dedican también a la defensa de niñas y adolescentes que sufren violencia física pero sobre todo sexual.

La adolescente de 18 años ahora solo es vocera de “Yo también tengo algo que decir”, su edad ya no le permite formar parte activa del grupo. Actualmente cursa el quinto ciclo de la carrera de Sociología en la Universidad Hermilio Valdizán de Huánuco y está impresionada con todo lo que implica esta profesión.

“Ahora me doy cuenta de que mi carrera es más amplia de lo que pensaba. Tocamos temas políticos, ambientales, de educación, de salud, etc.”, nos relata con una sonrisa de entera satisfacción.

Su sueño es viajar por el mundo y conocer otras culturas. “Ahorita no puedo viajar mucho porque no tengo plata pero es un objetivo”, dice riendo. Lejos del grupo que la acogió en su adolescencia, Zila no se ha quedado de brazos cruzados y junto con otros alumnos de su carrera tentaron la posibilidad de que una de las organizaciones de estudiantes más grandes del mundo, AIESEC, tenga una sede en Huánuco. Y lo lograron.

AIESEC es reconocida por la Organización de las Naciones Unidas y está presente en 110 países, 1,700 universidades y cuenta con más de 80 mil miembros. Ahora también está presente en Huánuco y Zila es la encargada de Recursos Humanos de este nuevo grupo que se dedica a asesorar a otros estudiantes para que presenten proyectos de voluntariado y puedan viajar a distintos lugares donde AIESEC también está.

Zila ya ha empezado a cumplir un poco sus sueños. El año pasado, con solo 17 años, viajó a Canadá con Save the Children para participar de un evento como panelista. Fue la primera vez que llegó tan lejos y fue una experiencia que siempre soñó y que no pensó que vendría tan pronto.

A su corta edad ya ha recibido un reconocimiento en su ciudad en el Día de la Mujer, el año pasado. En medio de todas sus metas y sus luchas personales y colectivas, Zila tiene algo muy claro: todo empieza en la niñez y a los niños hay que escucharlos.

“Los niños son personas racionales y analizan. Solo les hace falta que los escuchen y les tomen en consideración. Hago ese llamado de atención a las personas mayores para que los niños puedan empoderarse y tomen sus propias decisiones de vida”, reclama para esta nota.

Cuando le preguntamos cómo se ve de aquí a cinco años, nos dice desde su vasta experiencia y corta vida, “ojalá que mi voz y mi mensaje pueda llegar hasta la punta de todos los cerros”.


Laura Grados
Periodista. Escribe en Utero.pe