Mujeres Que Transforman es una plataforma que busca visibilizar los emprendimientos que realizan las mujeres en el Perú, así como las problemáticas y desafíos al que se enfrentan día tras día.

Responsabilidades y tareas

Cada dos o tres días aparece la misma viñeta en Facebook: “No me lo has pedido”, un comic en el que una mujer le reclama a su esposo por no haber lavado los platos, sacado la basura o alguna otra tarea doméstica y la respuesta del esposo es siempre la misma: “Si me lo hubieras pedido…”.

De todas las luchas que tenemos las mujeres en el mundo, quizá la de la equidad en las responsabilidades del hogar parezca la menos urgente. En un contexto en el que nos matan cada día, eso de quién plancha parece cosa menor. Pero ciertamente no lo es. La inequidad en las responsabilidades del hogar tiene una larga sucesión de consecuencias: desde la reducción de oportunidades profesionales futuras hasta una mayor probabilidad de muerte ante un desastre natural.

Hay una gran diferencia entre encargarse de una tarea y tomar responsabilidad. Quien se responsabiliza tiene que invertir tiempo y energía en planificar y priorizar las tareas y organizar los tiempos para que todo funcione. Es como cuando la mamá pregunta “¿qué quieren almorzar?” y todos responden “cualquier cosa” y ella insiste “ya, pero digan una”. No es que la mamá esté ansiosa por preparar la comida favorita de su familia, lo que la mamá está pidiendo es que alguien más tome la responsabilidad de decidir qué se va a comer. Lo mismo sucede con cada una de las actividades de la casa. Si alguien es el responsable de la ropa, esa persona tiene que encargarse de que se ejecuten todas las tareas para que la ropa haga ese misterioso y transformador viaje desde el piso del baño hasta el closet. Si alguien te dice “por fa, mete ropa blanca a la lavadora y ponla en ciclo delicado” lamento comunicarte que no has tomado responsabilidad, solo has ejecutado una tarea.

En nuestro propio camino hacia la equidad, mi esposo y yo hemos dividido las responsabilidades de la casa. Él se encarga de coordinar con Eco, la señora que viene dos veces por semana a limpiar y cocinar. Él ve si hay comida para que cocine, él ve si hay que comprar algo, él decide si cambia de día por alguna razón, él decide qué tareas debe priorizar, él se acuerda la noche previa de pasar por el cajero y sacar la plata para pagarle. Él se encarga. Yo no tengo que ocupar ni tres minutos de mi tiempo en pensar en ese tema: él se encarga. Y esa es la gran diferencia con la viñeta que comentaba al principio. No es que yo cada lunes por la noche tenga que decirle “no te olvides de sacar la plata para Eco” o “creo que se acabó la lejía”, yo no me preocupo, él se encarga, él se responsabiliza de todo, no solo ejecuta las tareas.

Lo mismo hacemos con el cuidado de nuestro hijo y el cuidado de nuestras respectivas carreras profesionales. La idea es que ninguno pierda oportunidades de crecimiento profesional y ninguno se pierda la experiencia de criar a nuestro hijo. No tenemos nana, Cristóbal va a una guardería de lunes a viernes de 8.30 a 6.30 y el resto del tiempo lo cuidamos nosotros. No yo, nosotros. Si yo quedo con una persona para tomar un café a las 7 pm, aviso a mi esposo y él se encarga de recogerlo de la guardería y cuidarlo. Si él tiene que ir a una conferencia a las 8 am, yo me encargo de llevarlo a la guardería. Si yo voy a salir a tomar un trago con mis amigos, él se queda en la casa cuidándolo. Si él se va a Rusia a ver a Perú, Cristóbal y yo veremos el partido por televisión. A los dos nos ha cambiado la vida tener un hijo, pero nos esforzamos por que ese cambio sea equitativo para ambos.

Hace un tiempo escuché a Hugo Ñopo decir en una conferencia que, según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), se requieren aproximadamente 30 horas de trabajo doméstico no remunerado para que un hogar funcione normalmente. De esas 30 horas, 24 son responsabilidad de las mujeres y 6 son responsabilidad de los hombres. Piense usted en su hogar, piense en cómo están distribuidas las responsabilidades y haga algo. Hágase responsable del problema, de su problema.


Diana Castañeda
Editora de Mujeres Que Transforman, edición febrero.